domingo, 27 de mayo de 2012

"Alitas de cucaracha" por Carlos Bretón

         La cucaracha, la cucaracha,                               La cucaracha, la cucaracha,
        ya no puede caminar;                                         ya no puede caminar;
        porque no tiene, porque le falta                          porque no tiene, porque le falta
        marihuana que fumar                                          una patita para andar
            Canción mexicana.                                                      Versión infantil



Cada vez que atravieso en Estocolmo el parque Humlegården, donde está erigida una enorme estatua de bronce de Carl Von Linneo, no puedo dejar de preguntarme, por qué escogió este importante científico sueco, una lengua muerta para clasificar plantas y animales.

Pudo anotarle un tanto al idioma sueco, tan poco conocido en el mundo o utilizar el tan universal inglés, o el romántico francés. Pero es evidente que si hubiera escogido un idioma de algún país concreto, no hubiera sido aceptado por todos como el latín, que nadie en el mundo moderno habla para comunicarse, salvo algunos en el Vaticano.

La única expresión que se escucha universalmente, cada vez que fallece un Papa, es en el balcón de la Basílica de San Pedro cuando el Cardenal Protodiácono anuncia; Annuntio vobis gaudium magnum; Habemus papam. Eminentissimum ac reverendissimum dominum (Fulano) Santae Romanae Ecclesiae Cardinalem (de tal) Qui sibi nomen imposuit (Mengano VII) y entonces Mengano VII, imparte la primera bendición Urbi et Orbi.

Así es como, gracias a Linneo, nombres vulgarares de seres vivos en el mundo como; cerdo, araña peluda, garrapata, ciempiés o el chimpancé tienen una denominación fonética más altisonante, a la vez que científica, y pasan por arte de magia y en el mismo orden mencionado, a ser; Sus Scrofa, Theraphosa Blondii, Ixofe, Lithobius Spx o Pan Troglodytes.

También la Cucaracha tiene sus apelativos según su especie. Blattella Germánica o Periplaneta Americana, las hay de todos los tamaños y colores e incluso hasta albinas. Sin embargo con este relato no pretendo hacer un estudio científico de este animal, sino un homenaje por extraño que parezca.

La Cucaracha que para la mayoría es repulsiva, tiene su lado positivo y ha sido escogida por muchos, para amenazas, para infundir miedo, para chistes, algunos de pésimo gusto, pero hay otros humanos que la han incluido con tonos más agradables, en cuentos infantiles, recuerdese La Cucarachita Martina, en canciones, como la famosa ranchera mexicana, en anécdotas fantásticas, y hasta en obras de arte, como la muestra de Roberto Fabelo que llenó, ante el estupor de los transeúntes, la fachada del Museo de Bellas Artes en La Habana con estas criaturas.

En una fiesta a la que asistí recientemente, había un gracioso de centro de mesa, que no paraba de hacer bromas aburridísimas, sin embargo, una de ellas llamó mi atención y creo que fue la única con la rieron a carcajadas quienes escuchaban. Dijo; Estaba una cucaracha bailando frenéticamente. Otra se la queda mirando y le pregunta: ¿Eso es salsa o reguetón? ¡No estúpida, corre, que es insecticida! Sin comentarios.

Durante los diez años en los que trabajé en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, atravesé centenares de veces las calles de La Habana Vieja. Mi institución atendía administrativa y artísticamente el Castillo de la Real Fuerza. Estaban en los extremos una edificación respecto de la otra. No en todas las ocasiones bajaba hacia el puerto por la misma calle, sino que, Obispo, Ánimas, Obrapía o Lamparilla, formaban parte de mis recorridos.

Así rompía la monotonía, a la vez que apreciaba a plenitud los matices de esa maravillosa Habana antigua y colonial, con unas partes restauradas y por otras, todavía no. Un día me detuve frente a uno de los solares (ciudadelas)  característicos de la zona, para contemplar una puerta tan añeja como hermosa, coronada por aquellos vitrales semicirculares y multicolores. Los mismos que maestralmente Amelia Peláez, Portocarrero y otros pintores cubanos han inmortalizado en el lienzo.

Estaba absorto en mi contemplación, cuando vi salir una mulata a uno de los balcones interiores y gritar a todo pulmón: ¡Óyeme lo que te voy a decir, conmigo sí que no, porque yo te aplasto como a una cucaracha! Sentí el crujir del pobre animal debajo del pie de aquella cubana, pasadita de peso y con aproximadamente uno con noventa de estatura. No pude evitar sonreír, pero no de gozo, sino con una mueca de estupefacción.

Seguí mi camino, pero mi subconsciente comenzó a sacar del baúl de la memoria y en forma de flashes  recuerdos relacionados con las cucarachas. El primero, la aversión de mi hermana por estos insectos. Es increíble el efecto que podía producir  divisar una de ellas. Sus gritos se podían escuchar a más de un centenar de metros. Se subía encima de mesas, repisas y otros muebles, tirando todo a su paso.

El segundo, como a mi hermano Oscar una cucaracha le comió parte del bolsillo de una camisa, donde había olvidado un caramelo. Entonces enfurecido, le adjudicó incontables improperios y maldiciones a la especie y a colación fumigó la casa con tanta insecticida que aquel olor penetrante me provocó más de un ataque de asma.

Y un tercero relacionado con Pupito, un amigo de la infancia, que decía que no había nada más repulsivo que el sonido y el pus que provocaba cuando las aplastaba con el zapato. Yo siempre le respondía con la misma pregunta; ¿Y para qué lo haces? Porque no es que yo sea hinduista o budista, pero eso de ir eliminando por placer o por repugnancia animales que comparten con nosotros la tierra que habitamos, nunca me ha parecido nada correcto.

A mí nunca me han causado ningún sentimiento de repudio, aunque sé que a los ojos de muchos seres humanos, son feas, asquerosas, antiestéticas y algunos etcéteras. ¿Pero acaso no forman parte de la familia de otros insectos que no son considerados así? Por ejemplo las mariposas con sus alas polícromas o las luciérnagas, cuyas luces blancas eran una atracción en las noches en que en mi barrio había apagón eléctrico.

Sin embargo hay personas que sienten admiración por ellas, sobre todo entomólogos que las han investigado desvelando detalles interesantes, como su superioridad genética, teniendo en cuenta que han perdurado a grandes cambios y catástrofes atmosféricas en el universo. El ejemplo más claro es que son  testigos silentes del advenimiento de los dinosaurios en el triásico y de su total extinción en la era mesozoica. Las superaban desproporcionadamente en tamaño, pero no tuvieron tiempo ni de decirles adiós.

Otro estudio axiomático, es que son ellas las favoritas a sobrevivir un desastre nuclear por su capacidad para soportar grandes niveles de radiaciones. Lo contarán a los futuros habitantes del planeta, entre los que no estará incluida la especie humana. Seremos como otros tantos, a los que las cucarachas vieron arribar y desaparecer del globo terráqueo. Es Concluyente que no somos mejores que ellas biológicamente hablando.

El hombre, en su omnipotencia arrogante, ha decidido que hay que exterminarlas, para lo que se ha inventado un sinfín  de venenos; imiprotina, hidrametilnona, fipronil, deltametrina... Si tuviéramos más cuidado en mantener los alimentos bien almacenados, limpiáramos escrupulosamente con frecuencia nuestro entorno y generáramos menos inmundicia, las veríamos menos. Pero eso ya no es culpa de ellas.

Teresita Fernández, fue la primera persona que me hizo reflexionar a través de sus canciones, sobre lo maravilloso que es ver lo que nos rodea desde una perspectiva diferente. Por eso, nunca he dejado de escuchar sus composiciones, sobre todo una que refleja excelentemente algo que debíamos aprender; a mirar las cosas que nos parecen feas con mayor sensibilidad. Entonces, percibiremos a las cucarachas, como dice la trovadora, de otro color.


… alitas de cucaracha llevadas hasta el hormiguero,
así quiero que a mi muerte
me lleven al cementerio.

Basurero, basurero que nadie quiere mirar,
pero si sale la luna,
tus latas  van a brillar.

A las cosas que son feas, ponles un poco de amor,
y verás que la tristeza,
Va cambiando de color.














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