sábado, 20 de agosto de 2011

Anita Ekberg; ”Yo ni me acuerdo del sueco”. Por: Carlos Bretón

Ha sido en el extranjero, donde he tenido la oportunidad de conocer diversos prototipos de emigrantes; Los que tienen tan malos recuerdos de sus respectivos países (económica, social o políticamente hablando), que no quieren escuchar de la etapa que les tocó vivir aquí, o allá, siempre y cuando se esté mejor. Hay un grupo a los que la añoranza por su terruño los corroe psicológicamente y así, como diría un sueco; mer, och mer, och mer (más, y más, y más)

Kestrin Anita Marianne Ekberg, que nació en la sureña ciudad sueca de Malmö, el 29 de septiembre de 1931, es uno de esos casos de emigrantes de inquieto espíritu, que una vez que viajaron y conocieron otro ritmo más acorde con su temperamento, y de paso mejor clima, solo regresaron muy ocasionalmente.


Esta fenomenal rubia, actriz y modelo, fue la mujer más hermosa en 1951, año que conquistó el título de Miss Suecia, representando por tanto al país escandinavo en el certamen mundial. Después de este salto, volvió solo para recoger su equipaje, algunas pertenencias sentimentales y... ojos que te vieron ir. Hasta hoy.

¿Qué iba a hacer en la Suecia luterana tan despampanante cuerpo y similar efervescencia?  Ella misma contó, que el “Präts” (Cura de su parroquia) la amonestaba una vez sí y otra también, por su “deslizante intranquilidad y ligereza”. ¿Qué habría querido decir el sacerdote? Dejémoslo ahí.

Con exuberante juventud y escaso “vagage”, llegó a Hollywood, quizá motivada por el éxito de su compatriota la Garbo, pero con la diferencia de que no alcanzó en Norteamérica igual notoriedad. Eso sí, de todas formas participó en aquella legendaria cinta “Abot and Costello go to mars” y en otras películas que la convirtieron en un sex-simbol; “Loco por Anita”, “Guerra y paz”, “París Hollyday”, “La Espada de Damasco”, “Artistas y Modelos”... Aunque su papel más destacado en el cine, fue gracias a un golpe de suerte; que su camino se cruzara con el de Federico Fellini.

Cautivó a toda Europa en 1960, interpretando a Silvia en el filme “La Dolce vita”. Todo un clásico cinematográfico, que la catapultó a la fama y a la posteridad.  La escena donde aparece tomando un baño en La Fontana di Trevi, fue un bombazo! Marcelo Mastroianni no sabía qué hacer, o más bien se paralizaba ante el encantamiento del “monstruo” de voz aniñada, que le pedía “Ven Marcello, ven”

Sin cuidar demasiado el lenguaje (Como aseguran sus entrevistadores) recordaba aquella filmación de la Fontana di Trevi; “estuve esperando con un vestido de noche negro muy escotado en el agua congelada, mientras Fellini, que era insaciable, me pedía más y más sin tener en cuenta que hacia un frío del carajo” (“Carajo” sustituye una palabra aún más fuerte que la diva pronunció)

Los trabajos de modelo, incluidos desnudos integrales para la revista Playboy, sus tres matrimonios y sus romances con los actores   Tyrone Power, Gary Cooper, Errol Flynn, Frank Sinatra, Marcello Mastroianni y el dueño de la firma automovilística italiana FIAT, le granjearon entre sus compatriotas una muy desagradable opinión. Pero Anita, que no está para jugar,  declaró en una entrevista a periodistas suecos de Aftonbladet, que la tiene sin cuidado esas opiniones, y lo mejor, que lo ha demostrado cada vez que ha podido.

Se fue retirando paulatinamente del cine y de su trabajo como modelo. Solo en 1997 trabajó junto a Bigas Luna en la película  “Bámbola”, donde por cierto, comparte reparto con el cubano Jorge Perugorria y el español Manuel Bandera.

Hace muchos años que vive a orillas del Tiber, regresando a Suecia en muy contadas ocasiones. Como ella misma ha declarado; “¿Till Sverige? Snabbvisit” (¿A Suecia? Visita rápida)

La anécdota más fuerte que leí sobre su desenfado, fue cuando asistió, invitada por la Embajada de Suecia en Italia  a una recepción en  honor a Carlos Gustavo XVI y la Reina Silvia y hablarles en inglés. No solo al saludarlos, sino durante el rato que conversó con los monarcas de visita en Roma. Algunos miembros de la sede diplomática, al percatarse, sugirieron incómodos pero con suavidad, pasar a hablar sueco. Entonces ellos, por hacerse los graciosos, y sus majestades, escucharon estupefactos la respuesta de la Ekberg, que ni corta, ni perezosa sentenció; “Yo ni me acuerdo del sueco”.

Por Carlos Bretón.

Anita Ekberg


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