lunes, 27 de junio de 2011

Carlos Puebla, el cantor de Cuba

Carlos Puebla es mucho más que un trovador.                                                         

Al escuchar las canciones de Carlos Puebla, recuerdo con añoranza todos lo años, cuando de niño me despertaba la radio con su tema; “Traigo de Cuba un cantar”. En medio de aquellos acordes, mi abuela nos instaba a salir de la cama, para no llegar tarde a la escuela.

Lo conocí en la Galería de Arte “Amelia Pelaéz” del Parque Lenin de donde yo era Programador y Director Artístico. Fue una de esas tardes lluviosas del Caribe en que tras un vendaval, sale el arcoiris y por supuesto el sol.  Se bajó del Ford Falcon Negro con su inseparable guitarra y nos saludamos. Después del nerviosismo de ese primer encuentro, no faltaron otros, porque lo empecé a incluir junto a Los Tradicionales en la programación cultural del Parque, sin otro objetivo que el de disfrutarlo yo mismo.

Era una personalidad de altura, pero para mí, era todo un personaje, y lo digo respetuosamente. Dios mío, como disfrute de sus conversaciones, de su buen humor, de sus consejos y por ultimo de una amistad que duraría hasta su muerte. Fue gran lector, culto, con una sabia de pueblo y una modestia avaladas por su pobreza infantil y juvenil, pero a la vez con una riqueza de espíritu inigualable.

Años después organicé en el Museo Nacional de Bellas Artes y en el Teatro Mella, varios homenajes a este trovador del pueblo. Es mi deuda con él y con su música. Deuda que no me cansaré de cumplir. Si depende de mí como director artístico, jamás Carlos Puebla será olvidado!

Puebla es fácilmente reconocible por sus canciones revolucionarias y que fueron marcando con música, cada acontecimiento histórico a partir de 1959 en nuestro país. Pero hay mucho más; sus conocidos boleros, tan bien interpretados por el  barítono Adriano Rodríguez, por Clara y Mario, por Gina León, que inmortalizó aquel “Quiero hablar contigo”. Pero también sus sucu-sucus, sus guajiras, sus poemas crueles, recogidos en un volumen editado por Ediciones Unión en 1984. Todo en su conjunto, hacen de él un artista multifacético.

La última vez que nos vimos, estaba con su incondicional Rosalba Juárez en el Hospital Calixto García. Él sabía que no regresaría a su casita del reparto Chivás que tantas veces visité. Hay días tristes que converso con él. Le cuento que  Rosalba me escribe a cada rato y que espero con mucha ansiedad sus cartas. Que siempre la veo varias veces cuando viajo a Cuba. Él no habla, no dice nada, solo me mira. Como ya estoy acostumbrado, continúo  con  mí monólogo. Sigue mi vista y una vez conectadas, le trasmito que  siempre escucho su música y que sus poemas humorísticos me elevan el ánimo en los duros inviernos nórdicos.

Por; Carlos Bretón


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